-¿Me pones una buena salchicha?
Qué cara se le ha quedado al charcutero. No me
esperaba. Le noto como enrojece. Duda entre servirme o hablar, no se decide,
pues nada, al ataque Purita.
-De la buena, no de esas que se engurruñen,
¿entiendes?
-Puri…
-Ni Puri, ni pollas en vinagre.
-Señora, el chico le ha hablado
bien- intercede una viejecita de esas que les gusta meter la nariz en todos los
fregados.
-Abuela, usted no sabe de la
misa la mitad. ¿De acuerdo?
-No si lo que yo le quería
decir es que…
-¡Chitón!
Gervasio ha tomado resuello después de mi
aparición por sorpresa, el muy gilipollas despista descolgando una ristra de
salchichas del gancho como si mi intención fuese comprarle embutido.
-¿La has probado, charcutero? Dicen que de lo
que se come se cría, ¿no? Y tú parece ser que no… en fin, que la salchicha se
te dobla más que esa que tienes en la mano. Quizás que me pusieras un chorizo
de cantimpalo, porque yo lo necesito bien duro…
La agüelica se descojona, Gervasio le caen
goterones de sudor. Guarro de mierda, se limpia con la mano y seguro que
después toca el jamón y el queso como si tal cosa.
-Puri, yo te puedo explicar…
-Me lo ha explicado todo
Manoli, ¿vale?
-Espera que cierre la tienda y
nos tomamos un café.
-Sí, sí… para que me enseñes el tanguita rosa o
el camisón trasparente…
Me taladra con la mirada. Manoli me contó que
el pedazo hombretón tenía en su habitación un cajón llenito de ropa interior femenina.
Pero nada de comprar lencería, el muy guarro la guardaba usada. Se ve que para
poder machacársela a gusto tenía que oler a zorruno. A todas las ingenuas que
se había ligado, que visto lo visto, no tenían que ser demasiadas, les pedía
bragas sudadas y sujetadores con jugo, en fin, lo que me dijo Manoli, un
degenerao de cojones.
-No hace falta que aquí delante de la señora…
-No, por mí no os cortéis, como si fuera un
mueble.
Qué jodía la vieja, se lo está pasando chachi
piruli y quiere más. Pues habrá que darle al público lo que se merece.
-Lo que no hacía falta es que te rieras de
Manoli. Es una buena chica y se colgó de ti y no se merecía que la tratases de
esa forma.
-Yo no me reí de ella, lo que
pasa…
-¡Cállate, guarrindongo! Has
jugado con sus sentimientos y la querías cambiar por mí como si fuera un trapo
sucio después de limpiar todo el comedor.
-¿Es verdad eso Gervasio?- la
abuela no se calla ni debajo de agua.
-Marisa, no es cosa suya.
-¿Qué no es cosa suya? Ya va
siendo hora que te conozca bien la clientela, que si eres capaz de tratar a las
mujeres como lo has hecho con Manoli no sería de extrañar que le dieses gato
por liebre.
-¡Vamos, estaría bueno! Yo le
compro muchas hamburguesas para mi nieto, hija, ¿no me estará metiendo ahí toda
las sobras?
-Casi seguro…
-Puri, coño ya está bien, no te
pases. No te aguanto…
-¿Me vas a pegar? ¿Como a Manoli? Te advierto
que yo no soy tan mansa, si me pones un dedo encima te abro en canal, hijo de
puta.
El machito se queda paralizado con mi navajazo
trapero. Manoli me explicó que se le iba la mano con mucha facilidad. Lo dicho,
que no era trigo limpio.
-Gervasio, hasta aquí podíamos llegar… pegar a
las mujeres, mi Paco, que Dios lo tenga en su gloria, ni se le ocurrió, y mira
que en aquellos tiempos… Vamos, un hombre que se viste por los pantalones lleva
a la mujer que quiere como una reina. ¡Sinvergüenza!, Con esa cara de santito,
míralo… pues yo ya no vuelvo a comprar nada más aquí.
-Marisa…
-Ni Marisa…-se gira y me mira intentando
recordar la expresión-. ¡Ni pollas en vinagre!
Me parto de risa, la acompaño hasta la puerta
mientras veo que a Gervasio están a punto de explotarle las venas del cuello.
¡Que se joda! La vieja se me escabulle y se vuelve a hablarle otra vez al
charcutero.
-Y ya sabes que tengo la lengua larga, o sea,
que se va a enterar de cómo eres hasta el cartero. Estás avisado.
Si la preparo no me sale más redonda la
venganza. Y salada.

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