dilluns, 28 de gener del 2013

LA SEÑO



Me ha llamado la seño para tener una entrevista sobre mi Fernandito. Mi niño va a P-5, a la clase de los caracoles. ¿Y esa manía de ponerle nombres de animalicos? ¿Qué pasa que los críos de esa clase son lentos de cojones?  Le pego un toque a su padre para que me acompañe, se me enrolla con que tiene mucho trabajo y le digo que él sabrá, que yo luego no le explico nada. ¡El que quiera peces que se moje el culo! ¿O no? Al final le da cosa y le pide un par de horas a su jefe. Allí nos tienes a las tres de la tarde a los dos sentados en las sillas que utilizan los alumnos mientras ellos levantan polvareda en el patio. Milagros, la seño, es un retaco, metro cincuenta y pico le echo yo a la gachí, total, que se sienta perfectamente en una de esas sillas, pero una servidora ya queda un poquico forzada, suerte que vengo con pantalones si no se me ven todas las bragas. Y no os digo nada de Manolo que nos sabe cómo colocar las piernas sin que parezca que está cagando.

 
-          El crío tiene carácter.
-          Pues no sé a quién le ha salido- digo yo tirando pelotas fuera.
-          Puriiiii- se le escapa a Manolo por lo bajini.
-          Vale, yo de pequeñaja era de armas tomar, pero luego tenemos los dos muy buen fondo.

Nos explica que ayer tuvo que castigarlo porque se arreó a guantazos con Manolito, otro de su misma calaña. 

-          Pues él si no le hacen nada no salta. Es muy noble. Pero claro, si le tocan las castañuelas…
-          Fue cosa de los dos.
-          Que mi Fernandito es un trozo de pan, ¿lo conoceré yo?
-          Puriiiiii- Manolo vuelve a frenarme porque el amor de madre me confunde.

Parece ser que tampoco es muy trabajador, se cansa de todo muy rápido, vuela una mosca y ya me lo tiene distraído dice la seño.

-          Pues tendréis que echar insecticida.
-          Es un ejemplo, Puri. Lo que te quiero decir es que no se concentra. Ya le he dicho a la psicóloga que le eche un vistazo.
-          ¿Un vistazo? ¿A mi Fernandito? ¿La que mira a los taraos? ¡Ni hablar del peluquín!
-          Puriiiii- Manolo vuelve a tirarme del freno de mano.
-          Ni Puri, ni pollas. A mi niño no le falta ningún tornillo, ¿está claro?
-          No te pongas así mujer, es para fomentar su capacidad de concentración.
-          ¿Capacidad de concentración? Ponle los dibujos y ya verás lo poco que se distrae el crío.
-          Ya, pero supongo que querrás que aprenda a leer y a escribir, y a sumar…
-          Pues claro, Milagros, no vendrá al cole a ver los dibujos.
-          Entonces, ¿vienes a las mías?
-          Yo creo que es cosa de Manolito que lo distrae.
-          Puriiiii- Manolo me está desgastando el nombre.
-          Fernandito no necesita a Manolito para encantarse. Él solito se basta y se sobra para encantarse con cualquier cosa.

Cambio de tercio. Milagros nos enseña unos trabajos manuales que han hecho los caracoles en el último mes. El de mi Fernandito es el mejor. No es porque yo sea su madre, está más claro que el agua. Puriiiiii. Ya me lo digo yo antes que Manolo vuelva a la carga.

-          ¿Me ha dicho el niño que no lo quieres dejar ir de excursión?
-          ¿Cómo?-pregunta Manolo muy extrañado.

¿No me miréis así? Cada una tiene sus traumas y el mío es este. Qué coño, tengo un hijo nada más y se escucha cada cosa. Que si accidentes de los autocares, que si un niño que se despista (y el mío por lo que parece es un profesional) y lo atropella una moto, que si lo rapta un pederasta, que si le cae un ladrillo de una obra, que si me lo muerde un perro. Total, que lo dejo con la Fefi y yo sufro menos.

-          Puriiiiiii- quinto aviso del Manolo y yo ya estoy que exploto.
-          Que no y que no… más adelante.
-          Pues va a ser el único de la clase que no va al zoo, ¿sabes?
-          ¿El único? ¿Mi niño? Apúntalo, joder, ya pondré una velita a la Virgen.

La entrevista llega a su fin pero antes de que nos larguemos Milagros hace un aparte conmigo aprovechando que a Manolo lo han llamado para repartir un pedido urgente. 

-          Puri, te tengo que pedir un favor….
-          Dime, Milagros, si está en mi mano.
-          No te voy a ir con rodeos. Mira, Puri, no le hagas los deberes a Fernandito.
-          ¿Yo? ¿Cómo puedes pensar que yo…?
-          La letra, Puri, la letra, que la imitas muy mal.



dimecres, 23 de gener del 2013

CUATRO PISOS DE MARTIRIO


-          Buenos días, hija.
-          Buenos días.
-          ¿Estás solica?
-          Sí.
-          ¿Y Fernandito?
-          Con su padre.
-          ¿Le echarás de menos, verdad?
-          Bueno.
-          Los críos se hacen de querer.
-          Sí, claro.
-          Mi Alfonso...

Treinta segundos de rollo patatero sobre su hijo que a mí personalmente me suda el chichi. Parece que le den cuerda a la jubilada. Es mi vecina Dora, la del cuarto tercera. Me hace una radiografía de arriba abajo cada vez que me secuestra entre las cuatro paredes metálicas del ascensor. Yo le pongo buena cara y le digo que sí a todo, pero la jodida rempuja, no se conforma. Ya se le ha acabado el temita del Alfonso y solo vamos por el tercero.

-          ¿Y tú?
-          ¿Y yo?
-          Ya sabes, hija mía.
-          ¿Qué tengo que saber?
-          No te hagas la tonta.
Me sonríe y me enseña todos los empastes. Me quiere sonsacar, lo veo. ¿Tonta? Como si yo no supiera que es la cadena Ser de la escalera. Dile que te ha tocado la lotería y a los tres minutos tienes a todos los vecinos felicitándote en la puerta de tu casa. ¡Chismosa de mierda! Mira que está desocupada la peña.
-          Novietes, niña, hombres, machos…
Y venga reírse, ¿es un chiste que yo no tenga novio? Ya sabéis que estoy muy sensible con el tema del folleteo para que ésta me toque la pandereta. Y sigue riendo la muy capulla. Para mí que las pastillas de la tensión las mezcla con orujo y le dan esa risa de tontadelahaba. Le daba dos guantazos si no peinase canas.
-          Ná de ná, señora Dora.
-          Pues se te pasa el arroz.
Jodida cabrona. Una se relaja, le da un poco de vidilla y mira cómo te lo paga. ¡Por el culo te la hinco! Yo no le he dicho que su marido es un borrachuzo, ¡y lo es! Ni que su Alfonso es más raro que un carnaval. ¡Raro, raro! De encontrártelo por la calle y cambiar de acera. Ni que su nieta Jessica tiene una pinta de Monster High que tira patrás. Yo calladita y la muy metomentodo dice que se me pasa el arroz, pues a ella se le pasa el arroz, el pollo y las natillas. ¡No te fastidia!
-          Ahora, hija mía, que lo mismo que te digo una cosa, te digo la otra.
-          Ya.
-          Más vale malo conocido que bueno por conocer.
-          Ya.
-          ¿Entonces?
-          Ya
-          Pareces tonta, hija mía.
-          Ya
Joder, qué lento es el puto ascensor. Yo creo que a pata hacía un par de horas que había llegado a destino y me había evitado el rollo de esta chafardera.
-          Manolo no era mal chico.
-          ¿Cómo?
Me está subiendo la bilirrubina peligrosamente, me lo noto. Puri, ponte un poco de hielo en los ovarios.
-          Todos los hombres tienen sus cosas, pero hija mía, los necesitamos.
Exploto, no exploto, exploto, no exploto, exploto....
-          ¿No me digas que no?
-          No.
-          Eso es que estás despechada.
-          Hasta las trancas.
El primero. ¿No podría aumentarse la ley de la gravedad cuando te montas en un ascensor con un loro de vecina?
-          No me lo quieres reconocer pero en el fondo...
Noto un meneo que indica que hemos tomado tierra. ¡Ya era hora, ostia!
-          Con Dios señora Dora que tengo mucha prisa….
 ¡Anda a tomar por culo! Con lo bonito que es el silencio. 

divendres, 18 de gener del 2013

CERO PATATERO





El traspié del finde me ha hecho pupita. Por mucho que una servidora sea una especialista en ponerse el mundo de por montera y quiera maquillar las números mejor que el ministro de Economía, tengo que plegar velas y aceptar la cruda realidad. ¡Cero patatero!  
Sí, amigas, confieso (¿está por ahí algún redactor del Sálvame?). Hace siete meses que no tengo relación carnal con ningún ente del sexo opuesto. ¿Quién es la cabrona que se ha reído? ¿De qué? ¿De mi sequía? Muchas follan de boquilla (que no es lo mismo que con la boquilla). Yo soy legal, reconozco mi pecado y punto. Ya me gustaría a mí ver por un agujerillo a todas esas que van de Mataharis por la vida y luego tienen el higo más seco que la mojama. Me saca de mis casillas tanta falsedad… Bueno, que no me escondo, joder, ¡cero patatero!
Al principio me consolaba creyendo que la falta de chingoteo se debía a que había puesto el listón muy arriba. Los quería guapos, inteligentes y con dinero. Normal, si una misma no se aprecia, no lo harán los demás. Muy filosófico, pero la verdad es que a los dos meses rebajé mis condiciones de cuajo. Con tal de que no fueran callos malayos, limpitos, me dieran un poco de cháchara y me invitasen a cenar estaba dispuesta a ser más fácil. Yo que pensaba que la cola de pretendientes sería más larga que la del paro pues nastic de plastic. A los siete meses, amigas, me follaría cualquier cosa que acabase por o de macho. ¡Qué bruta eres, Purita! Amigas, el picor de chichi es muy malo, no lo sabéis vosotras bien ( ¿o sí?). Te empiezas a obsesionar y al final ves pollas por todas partes. Y sube la temperatura corporal y los ojos se calientan también. Un martirio. O sea, que empiezo a pensar que todo lo pasa en el universo es para refregarme por los morros que no follo. ¿Que vaya al psicólogo? ¿A follármelo?
A las ocho y media de la mañana después de dejar en el cole a Fernandito me cojo el autobús para ir al curro. Todos los frenazos del conductor acaban con un bulto encajado en mis nalgas. Perdón, perdón, pero ya me han dado el restregón. Mi jefe, Adolfo, una vez sí y la otra también cuando pasa por detrás del mostrador, con la excusa de la  estrechez de espacio, la mano en la cintura y de ahí al cachete se llega en un periquete. A la hora del bocata, el mensajero que me llega con esos tejanos ajustaos marcando paquete, una como una olla a presión y aunque le pongo el capote, ná de ná. A la hora de comer, en el chino, dos jovenzuelas de la mesa de al lado se les llena la boca (no solo de arroz tres delicias) con los revolcones que se pegan con sus maromos. Qué morbo, copón, polvos como los de antes, en el asiento de atrás del coche. Por la tarde, cuando parecía que se había rebajado la obsesión, cruzo un parque que hay antes de llegar al cole de mi crío y me la pego con un espectáculo porno gratuito. Un adolescente tiene agarrá la teta de una pelirroja como si se le fuera a escapar, la lengua en el intestino y la otra mano rastreando por debajo del tanga tirachinas. Joder, que una no es de piedra y con el cero patatero está más quemá que el palo de un churrero. Fíjate cómo ando de desesperada que mientras merienda mi Fernandito viendo los dibujos no paro de pensar en cómo tendrá la polla Bob Esponja, con eso te lo digo todo. Un poco de barrer, un poco de fregar y una manita de quitar el polvo (¿veis? Si es que me persiguen las palabras guarras). Ducha, cena y cuento. Y cuando me siento en el sofá, la lámpara de pie no para de que provocarme, la sombra de la pared tiene toda la pinta de un buen cipote, joder, ¿veo visiones?
Por caridad, alguna de vosotras conoce un bombero que me quite el fuego del cero patatero. Que pregunte por Puri o que siga el rastro del humo.     


dilluns, 14 de gener del 2013

NO ESTÁ EL HORNO PARA BOLLOS




Ligar a los quince es una cosa. A los veinte ya es otra. A los treinta… a los treinta es casi más difícil que enganchar una quiniela de catorce. Y a los treinta y cinco... uff... amigas mías, un deporte de riesgo, creo que ni el rafting, ni el puenting, ni tiraerse en paracaídas puede tener más peligro que sortear una bandada de cuervos en una disco de singles. El sábado, aprovechando que mi Fernandito estaba con su papá, me sumé a la salidita de mis amigas. Hace años que comparto correrías con Pepa y  Manoli, nos avenimos. La primera es una solterona profesional y la segunda divorciada como una servidora, de todo tiene que haber en la viña del Señor. Pepa, con esa desesperación tan característica de las mujeres que temen quedarse para vestir santos tiene la manía de extremarse demasiado. Manoli, peluquera de profesión, por culpa de las revistas del corazón y del hígado confunde su tipo con el de Rihanna y las lorzas la devuelven a la cruda realidad y al final se desparraman por los lugares menos recomendables pero mi Manoli no se arredra. ¡El género tiene que estar encima del mostrador! Mira que me gusta criticar, supongo que ellas me repasarán también pero tenemos el sentido común de no decirnos las verdades. Por teléfono las encuentro entusiasmadas, con esa fiebre que anuncia apareamiento. Quedamos donde siempre. Una servidora, está un poco de vuelta de todo, ha dejado de creer en la existencia de príncipes azules y menos de milagrosas apariciones de Brad Pitts de bolsillo. Yo, sobre todo, salgo con mis compis para no tener que quedarme sola en casa viendo La Noria. ¿Triste? Bueno, pensad lo que queráis, pero un poco de distracción no le sienta mal a nadie, pero insisto, sin perder el oremus.
Desempolvo el vestidito rojo ceñido, joder sí que me cuesta cerrarle la cremallera, para mí que he cogido algunos gramillos de más, mañana por la noche toca yogurt. Estreno lencería nueva (nunca se sabe), me perfumo quitándome el tufillo de la rutina, me peino y me miro al espejo por delante (esas tetas que no se les ocurra agacharse que me cago en la virgen de la leche), por detrás (todavía me queda un culito de lo más mono), de lado (esta no me interesa, se me ven las mollitas). Espejito, espejito, quién es la más guapa de esta casa. Cuando me pongo gilipollas no tengo rival. 
 
Lo primero que una tiene que soportar son las miradas babosas. Los machos a determinada edad andan muy necesitados de encontrar agujeros libres. ¿Bestia? Esas pupilas sarnosas son como el algodón, no engañan. Por supuesto me refiero a estos especímenes que frecuentan el mercado de segunda mano. Chaqueticas de pana con coderas, camisas de cuadros, pantalones tejanos de marcas top ten. Cubata en la mano y sonrisa Profindén. Fotocopias desesperadas dispuestas a entregar su alma por un buen polvo, irse de putas es caro y está mal visto para un macho de pro. ¿Bestia? Ya llevo unos cuantos conocidos en estas escapaditas.
El primer atrevido de la noche se llama Fidel. ¿Castro? Cuando te ponen el chiste en bandeja no se puede desaprovechar. Diálogo de besugos, monosílabos, preguntas chorras y cuando ya los cuerpos empezaban a arremolinarse me suelta la frase que me baja la libido. Yo es que lo he pasado muy mal. Y en dos segundos me está explicando todos los problemas con su ex. ¡Véte a tomar por culo! ¡Que te aguante tu puta madre, capullo! Me mira con cara de gamusino, de no entender nada, me voy al lavabo y cuando vuelvo me cambio de mesa. Pepa y Manoli están a lo suyo. Ay, Pepa, qué adefesio se te ha enganchado al escote, sacado directamente de Cuéntame… En fin, cada una a mirar por sus pellejo, si le aprovecha, que se lo coma con patatas. A los pocos minutos ya tengo al segundo candidato revoloteando por mis tetas. ¿Bestia? Joder, si no me mira a los ojos, mi canalillo lo tiene agilipollao. La voz de Plácido Domingo me pone, el pelo en pecho también me enebra (¿o enerva? ahora no tengo tiempo de ortografías), la mano en el muslo me pone un poco tensa pero con el atraso de roscas que llevo se lo perdono. Ostias, pero el aliento a alioli no, es que me tira para atrás, qué pestazo por Dios, y además mezclao con nicotina retestinada. No puede una hacerse ilusiones. ¡A la mierda! Visita a la toilette y vuelta a empezar. Manoli, qué haces Manoli, qué tanque te has buscado, por favor, la tiene contra una esquina y me la va a descoyuntar. Con su pan se lo coma. Yo casi sin reponerme del fiasco del boca cloaca ya tengo al tercer candidato de los noche a mis pies (no, no es un hablar, es que se le ha caído el vaso y está recogiendo lo que queda de él). La camisa de marca le va un poco ajustada, normal, quiere vacilar de musculitos. Carne de gimnasio, bueno, para distraerme un ratito tampoco hace falta que haya estudiado en Oxford. Me empiezo a imaginar unas tabletitas a juego con los bíceps y para completar la exhibición una polla a juego. ¿Qué pasa? ¿Otro músculo más? ¿Qué hay de malo en soñar? Pues mucho, amigas. Que me propone la oscuridad de un reservado en la parte alta de la disco, vamos, sin mucho miramiento me lanzo a calibrar el armamento y el muy cabrón a las primeras se me corre como un conejo en la palma de la mano. Y lo peor de todo amigas mías, que me pone perdío el traje rojo. Y todavía hay más, que las desgracias no vienen solas, que no para de pedirme perdón, que me llora, que me babea, que si me descuido me quiere explicar todos sus traumas en un minuto y que entre gimoteos me promete amor eterno. Y por ahí ya no paso, que una todavía conserva un poco de dignidad, o sea, que me cojo la puerta de la discoteca con viento fresco. Me pido un taxi y vuelvo a la tranquilidad del hogar. Me quito el vestido rojo intentando no recordar el gatillazo del fantasma de los músculos bluff y en bragas negras con lacito rojo y sujetadores transparentes, conecto la tele y con la compañía de un trocito de turrón de chocolate que me ha quedado de Navidad me quedo embelesada contemplando como Pipi Estrada y Miriam Sánchez (ex Lucía Lapiedra) sacan la basura de su turbulenta relación y se ponen de vuelta y media.
Cada vez me gusta más regodearme de la vida de los demás.