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Buenos días, hija.
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Buenos días.
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¿Estás solica?
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Sí.
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¿Y Fernandito?
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Con su padre.
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¿Le echarás de menos, verdad?
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Bueno.
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Los críos se hacen de querer.
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Sí, claro.
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Mi Alfonso...
Treinta segundos de rollo patatero sobre su hijo que a mí
personalmente me suda el chichi. Parece que le den cuerda a la jubilada. Es mi
vecina Dora, la del cuarto tercera. Me hace una radiografía de arriba abajo
cada vez que me secuestra entre las cuatro paredes metálicas del ascensor. Yo
le pongo buena cara y le digo que sí a todo, pero la jodida rempuja, no se
conforma. Ya se le ha acabado el temita del Alfonso y solo vamos por el
tercero.
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¿Y tú?
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¿Y yo?
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Ya sabes, hija mía.
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¿Qué tengo que saber?
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No te hagas la tonta.
Me sonríe y me enseña todos los empastes. Me quiere sonsacar,
lo veo. ¿Tonta? Como si yo no supiera que es la cadena Ser de la escalera. Dile
que te ha tocado la lotería y a los tres minutos tienes a todos los vecinos
felicitándote en la puerta de tu casa. ¡Chismosa de mierda! Mira que está desocupada
la peña.
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Novietes, niña, hombres, machos…
Y venga reírse, ¿es un chiste que yo no tenga novio? Ya
sabéis que estoy muy sensible con el tema del folleteo para que ésta me toque
la pandereta. Y sigue riendo la muy capulla. Para mí que las pastillas de la
tensión las mezcla con orujo y le dan esa risa de tontadelahaba. Le daba dos
guantazos si no peinase canas.
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Ná de ná, señora Dora.
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Pues se te pasa el arroz.
Jodida cabrona. Una se relaja, le da un poco de vidilla y
mira cómo te lo paga. ¡Por el culo te la hinco! Yo no le he dicho que su marido
es un borrachuzo, ¡y lo es! Ni que su Alfonso es más raro que un carnaval.
¡Raro, raro! De encontrártelo por la calle y cambiar de acera. Ni que su nieta
Jessica tiene una pinta de Monster High que tira patrás. Yo calladita y la muy
metomentodo dice que se me pasa el arroz, pues a ella se le pasa el arroz, el
pollo y las natillas. ¡No te fastidia!
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Ahora, hija mía, que lo mismo que te digo una
cosa, te digo la otra.
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Ya.
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Más vale malo conocido que bueno por conocer.
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Ya.
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¿Entonces?
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Ya
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Pareces tonta, hija mía.
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Ya
Joder, qué lento es el puto ascensor. Yo creo que a pata
hacía un par de horas que había llegado a destino y me había evitado el rollo
de esta chafardera.
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Manolo no era mal chico.
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¿Cómo?
Me está subiendo la bilirrubina peligrosamente, me lo noto.
Puri, ponte un poco de hielo en los ovarios.
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Todos los hombres tienen sus cosas, pero hija
mía, los necesitamos.
Exploto, no exploto, exploto, no exploto, exploto....
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¿No me digas que no?
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No.
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Eso es que estás despechada.
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Hasta las trancas.
El primero. ¿No podría aumentarse la ley de la gravedad
cuando te montas en un ascensor con un loro de vecina?
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No me lo quieres reconocer pero en el fondo...
Noto un meneo que indica que hemos tomado tierra. ¡Ya era
hora, ostia!
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Con Dios señora Dora que tengo mucha prisa….
¡Anda a tomar por
culo! Con lo bonito que es el silencio.
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